El Sube y Baja de la Vida

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Hace unos meses (la primera vez que estuve en España) llegué a sentirme realmente loca, aunque creo que desequilibrada calza mejor. Si bien hasta en mis peores momentos trataba de mantenerme bien, recordándome que todo lo que estaba sucediéndome me traería al fin y al cabo sólo cosas buenas, era inevitable sentir el bajón repentino de la tristeza que se apoderaba de mí.

Pero lo que llamaba mi atención no era el sentir alegría o tristeza, sino era la rapidez con la que mi estado de ánimo podía cambiar. Literal podía pasar de la felicidad a la desdicha máxima con tal sólo ir del primer al segundo piso de la casa. Era como si todos mis esfuerzos por tratar de pensar en positivo, de llenarme de buena energía, de agradecer por toda la mierda que me estaba pasando, perdieran energía con cada escalón que subía y al llegar a mi cuarto, simplemente me desplomaba en mi cama a llorar, bueno fuera a llorar, ¡a chillar!

Realmente sentía una presión en el pecho que me ahogaba y sólo quería que se acabe. Rezaba, imploraba que todo pase rápido porque por momentos me sentía incapaz de seguir soportándolo, me ganaba la impaciencia y me desesperaba de tal forma que sólo lograba seguir llorando. No quería ese dolor en mí, me negaba a sentirlo y sólo ansiaba ese futuro en el cual pudiera entender por qué estaba pasando por todo eso y en el cual lograría sentirme feliz de nuevo.

¿Feliz de nuevo?, entonces, si había sido tan feliz antes ¿por qué había viajado hasta España, huyendo de un trabajo que no quería y de una vida que no me llenaba? ¿por qué había decidido dejarlo todo para tratar de encontrar mi camino en esta vida? Es así que poco a poco me iba calmando, recordándome todas las razones que me habían llevado al lugar y al momento que estaba viviendo.

Minutos después entraba en pánico de nuevo, ya que si bien había logrado recordar la razón por la cual estaba ahí, de pronto me ponía a pensar en mi futuro y no tenía ni la más puta idea de lo que quería. Estaba cerca de cumplir los 34 y si bien había decidido dejarlo todo para “encontrarme a mí misma”, un mes y medio después no tenía ni la más remota idea de lo que quería para mí. Me sentía una perdedora y fracasada, era inevitable pensar en todas las cosas que podía tener si hubiera seguido trabajando y creciendo en el mundo corporativo, pero luego recordaba lo infeliz que era y sabía que estaba haciendo lo correcto.

De pronto un día decidí que iba a “vivir cada momento y emoción”; es decir, me permití caer en el hoyo sin miedo, yo misma me decía: “¿A qué le huyes, si a lo que le tienes tanto miedo, ya lo estás sintiendo? Y sí, no quería sufrir, pero ¡¡¡ya estaba sufriendo y horribleeeeee!!! Además sabía que finalmente, siempre lograba reponerme. Así que dejé de tener miedo a esas emociones espantosas que se apoderaban de mí, para simplemente sentirlas.

Dejé de preocuparme tanto por mi futuro y empecé a confiar en mi instinto, algo dentro mío me decía que todo estaría bien. Había llevado toda mi vida preocupada por el futuro, siempre planificando todo lo que haría, siempre he sido una control freak y ahora me doy cuenta que la vida me llevó a esa situación para enfrentarme a mis peores miedos y superarlos.

Actualmente amo la persona en la que me he convertido y creánme, que esta crisis de hace unos meses fue la que más favoreció a mi evolución y crecimiento personal. Aprendí a confiar en mis instintos y a pesar que puedo sonar loca, realmente siento una conexión increíble con la vida, universo, Dios, etc, etc, etc. Estoy abierta a todas las cosas que me pasen y he dejado de darles calificativos negativos para simplemente vivir mi presente y agradecer por todo lo que me sucede.

Esas subidas y bajadas emocionales repentinas me acompañaron hasta mi regreso a Perú y sólo logré estar más estable cuando aprendí realmente a confiar en mí. Me gustaría decir que estoy completamente equilibrada, pero nada que ver. Ahora los cambios emocionales no son tan cambiantes y logro subir mucho más rápido porque confío en mis corazonadas y en todo el aprendizaje que saqué de mis peores momentos.

Recuerdo que cuando era niña disfrutaba de la sensación de vértigo de ese juego llamado “sube y baja”, y bueno, ahora me toca disfrutar del sube y baja de mi vida, porque después de bajar no queda otra que subir y con más impulso que antes. Lo único que les puedo decir es que no desesperen por subir, a veces quedarse abajo analizando las cosas y tratando de tener una perspectiva diferente hace que la subida apunte más alto.

Categorías: Bienestar

1 comentario

Cesar · 28/07/2018 a las 8:21 pm

Impresionante fiel seguidor de todo lo que escribes!

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