Expectativa vs. Realidad

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La expectativa es considerar la posibilidad de que algo pueda ocurrir, y naturalmente si eso no sucede nos genera decepción, a no ser que nuestra expectativa se base en la posibilidad de que algo negativo ocurra, entonces si no ocurre, sentiríamos alivio. Creo que ya los empecé a rayar, pero confío en su capacidad de entenderme.

Últimamente me he dado cuenta de que cada vez que mis amigas me cuentan sus cosas, yo respondo: “Tu decepción viene de tus propias expectativas”. Así que analizaremos esa frase, ¿les parece? Porque aplica para todos.

Sé de una persona que decidió salir con alguien con quién sabía no tenía mayor futuro, acordaron que sería algo de momento porque este chico es un “alma libre” y prefiere vivir su vida sin ataduras. Siempre fue claro con ella al decirle que no quería nada serio con nadie y ella decidió pasarla bien porque sabía que este chico definitivamente no era lo que quería en su vida.

Ahora, casi 2 meses después, cuando mi amiga se entera que este chico está saliendo con otra, se dio cuenta que a pesar de que tenían un “acuerdo explícito” de relación abierta, ya se había enganchado. Pero ¿engancharse a qué? Si ni siquiera ella quiere algo serio con él; sin embargo, igual sintió una gran desilusión. Es así que empezó a sacar mil y un argumentos (válidos desde su punto de vista) que justificaran lo que sentía, pero igual sabía que este chico no estaba siendo incongruente con nada de lo que habían hablado previamente.

Así como a mi amiga, a todos nos ha pasado esto, que de pronto nos sentimos desilusionados por expectativas que éramos conscientes teníamos, o en el peor de los casos, expectativas que logran camuflarse bajo argumentos objetivos, lógicos y racionales, logrando parecer todo lo contrario, pero que en realidad al salir a la consciencia, manifiestan nuestros deseos verdaderos. Es en ese momento dónde debemos detenernos a pensar: ¿Qué me está moviendo?, ¿Por qué me está afectando?

En este caso, sólo me centré en hacerle ver, que él nunca se había comportado mal con ella, sin embargo, aún sabiendo como era, fue ella la que quiso seguir viéndolo. Según me dice, esperaba cierto respeto de su parte, ya que ella se hubiera comportado diferente, pero nuevamente, se está desilusionando de la imagen que ella se quiso crear, de aquello que ella deseaba.

Otro caso similar me pasó a mí. Conocí a un chico en Cádiz, él siempre supo que yo no tenía ni la más mínima intención de establecerme con alguien, ni generar ningún tipo de compromiso porque me iría a Madrid pronto. Yo desde un principio traté de mantener cierta distancia y verlo poco, sin embargo, las últimas semanas nos vimos más y de verdad la pasamos bastante bien, hasta le agarré mucho cariño. Cuando llegó el momento que tuve que partir, se molestó porque no quería que me vaya, después, porque yo no le quería dar la oportunidad de seguir viéndonos cada cierto tiempo y hasta llegué a sentirme mal por generarle toda esa ansiedad. Quizás creyó, y ojo, es válido, que si me enganchaba con él, yo querría que nos siguiéramos viendo y sí, era una posibilidad, pero también siempre fui clara respecto a por qué no me veía teniendo una relación a largo plazo con él. Al final entendió y todo bien.

Como pueden ver, muchas veces nos enojamos con otros porque defraudan lo que nosotros esperamos de ellos, pero ¿quién somos nosotros para intentar cambiar al otro?, especialmente cuando las cosas han estado claras desde un inicio. Con esto no quiero decir que sí pues, a veces de verdad tenemos todas las razones para esperar una forma de actuar de alguien, porque hay una probabilidad lógica de que eso suceda, principalmente porque ya hay un acuerdo explícito (por ejemplo: tengo la expectativa que mi esposo me sea fiel); sin embargo, muchas veces son nuestras propias proyecciones las que nos defraudan y sólo atinamos a echar la culpa al otro.

A mí me ha pasado millones de veces, pero desde hace un tiempo analizo muy bien mis reacciones frente al comportamiento de los demás. Si algo me molesta, me detengo a analizar el por qué. Ya no me centro tanto en el otro, sino que dirijo mi atención a mí. Hago un ejercicio de introspección y veo qué se está moviendo en mí y he descubierto varias cosas, desde muy básicas y sin importancia, hasta conflictos internos que aún no logro superar. He aprendido a ver al otro con cariño,como un ser libre y lo he despojado del peso de mis proyecciones y expectativas, finalmente nunca las pidió.

Todos somos seres libres, si bien es natural que condenemos ciertas conductas porque son “universalmente catalogadas como negativas” (acá podría ponerme densa hablando de ética), es necesario e importante liberar al otro de lo que queremos que sea, aceptándolo tal cual, y si su realidad no nos gusta, entonces tendremos que avanzar por caminos separados. Todos somos seres libres y nadie merece que lo juzguen por no llenar las expectativas que se tienen sobre él o ella. Por favor ¡vivamos en libertad y dejemos vivir en libertad! Eso sí como regla básica: “No hagas a otros, lo que no quieres que te hagan a ti”, y con esto no alego a la religión, sólo al sentido común.

 

Categorías: Bienestar

1 comentario

Rommina Teves · 30/09/2018 a las 9:45 pm

Excelente!!

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